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¿Qué hiciste hoy para conciencitizar sobre la defensa de la vida?

Hola, te invito a que pienses que puedes hacer, desde tu lugar, para ayudar a la defensa de la vida. Por ejemplo puedes proponer reunion...

►Pedro Poveda Castroverde



(1874 - 1936)

Tuvo conciencia de la necesidad de que los cristianos estuviesen presentes en el campo de la enseñanza pública... 


Por: María Dolores Gamazo | 
Via: Catholicnet



Nacido en Linares (Jaén) en 1874 en el seno de una familia muy cristiana, Pedro José Luis Francisco Javier Poveda Castroverde era el mayor de seis hermanos. De temprana vocación sacerdotal, ingresa joven en el Seminario de Jaén, aunque por motivos económicos se traslada con una beca al Seminario de Guadix (Granada). Compagina los estudios eclesiásticos con los civiles. Fue ordenado sacerdote en 1897 y, al tiempo que continúa sus estudios, da clases, atiende catequesis, predica misiones populares, dirige a seminaristas… Su preocupación por los niños que vivían en las Cuevas de Guadix le lleva a fundar las Escuelas del Sagrado Corazón, donde ofrece enseñanza gratuita, alimento y vestido a los más necesitados de esta zona suburbial de la ciudad.

En 1906 es nombrado canónigo de la Basílica de Covadonga (Asturias), donde permanece hasta 1913. Allí, estudia la situación educativa de la España de principios de siglo, pensando qué respuesta puede dar desde el humanismo cristiano para la educación de los niños y la formación de los educadores en el momento histórico que le toca vivir. Así, en 1911 funda en Oviedo la primera Academia de la Institución Teresiana. En 1913 regresa a Jaén, donde conocerá a Josefa Segovia, quien será su fiel colaboradora y cofundadora de la Institución. En 1921 las Academias, Centros de formación de educadores, cuyo campo principal de actuación será la escuela pública, estaban en doce poblaciones de importancia. En 1917 la Institución Teresiana obtiene la aprobación eclesiástica y civil en Jaén, y en 1924 la aprobación pontificia como Pía Unión.

El Padre Poveda se traslada a Madrid en 1921, al ser nombrado Capellán de la Casa Real. Sigue trabajando en la consolidación y expansión de la Institución Teresiana, participa en la fundación de la FAE (Federación de Amigos de la Enseñanza), y colabora con proyectos e instituciones a favor del profesorado católico. El 27 de julio de 1936 es detenido en su casa de Madrid. Muere mártir, como sacerdote de Jesucristo, el 28 de julio de 1936.

¿Cuáles son los rasgos personales del Padre Poveda? 

Convencido de que la fuerza del Evangelio puede transformar la realidad, se preocupa por la formación de la persona humana y promueve la educación como medio de transformación social. Su contacto con realidades de pobreza, hambre, enfermedad, paro, e injusticia, en su infancia, le lleva a luchar contra ello y a trabajar por la dignidad humana mediante la formación de las clases populares; confía en la capacidad de la juventud para transformar el mundo; reclama y promueve la presencia de la mujer en el campo de la educación, de la ciencia, de la investigación. Le preocupa la actualización pedagógica del profesorado, la asociación profesional de los maestros y su promoción social, así como su compromiso con la realidad desde su ser creyente. Humanista y pedagogo, educador de educadores, impulsor del laicado, maestro de oración, hombre de paz, audaz y solidario con los más desfavorecidos, creyó que la renovación de la educación, de la cultura y de las relaciones entre los hombres eran posibles desde la fe.

Sacrificado y paciente, manso y humilde, sencillo, afable y respetuoso, de fino sentido del humor y gran fortaleza interior. Con una entrega entusiasta a Dios, gran devoción a la Virgen, y filial amor a la Iglesia. Austero para sí y tolerante con todo excepto con el pecado. El trabajo, la oración, el estudio, el amor entregado a los demás, el hacer la voluntad de Dios, fueron constantes en su vida. Poveda es ante todo sacerdote y apóstol de Jesucristo. Y la Eucaristía, el centro de su existir. Testigo fiel, acaba dando la vida en testimonio de su fe. Su grandeza se basa en la coherencia de su vida con el Evangelio, en la intuición de los signos de su tiempo y en la radicalidad de su entrega a Dios, a los hombres y al mundo que le tocó vivir.


Muere como mártir al comienzo de la guerra civil española, el 28 de julio de 1936. Su autodefinición en el momento en que lo detienen fue: "Soy sacerdote de Cristo".

En 1974, con ocasión del centenario de su nacimiento es reconocido como Humanista y Pedagogo, por la organización mundial de la UNESCO.

El 10 de octubre de 1993, es beatificado como mártir por Juan Pablo II, en Roma.

El 4 de mayo de 2003 es canonizado en Madrid por Juan Pablo II.

Otros escritos

El cricifijo del educador

Escritos de Don Pedro Poveda


Por: San Pedro Poveda, marzo, 1915 | Fuente: www.institucionteresiana.org 



EL CRUCIFIJO DEL EDUCADOR

en El pueblo Católico, Jaén, 1 de abril de 1915

Si observáis algo bueno en las jóvenes que se educan en los internados
teresianos, sabed que se debe al Crucifijo.
En lo humano, la moderna pedagogía razona bien este éxito educativo.

Estudian con amor la vida de Jesús; contemplan su divina fisonomía;
meditan su pasión portentosa; todo lo cual produce un estado afectivo capaz
de inspirar y sostener la actividad necesaria para formar un carácter.

En su Cristo juntan lo intelectual con lo ético y lo estético. Las ideas más
sublimes, evocadas ante la divina imagen, adquieren toda la virtud necesaria
para triunfar del obstáculo que los apetitos desordenados oponen al fin de la
educación. ( ... )

Y si la biografía, que es lo más humano de la historia, adquiere incomparable
fuerza de sugestión cuando relata la vida de un héroe, y si la plasticidad que
damos a esa historia, presentándola en una imagen, constituye un doble
medio educativo por la intuición en que se ofrece, la mirada al Crucifijo es
relevante medio pedagógico para el fin que persiguen [los miembros de la
Obra].

Estima de la misión educativa

Escritos del Padre Poveda


Por: P. Poveda (1911) | Fuente: www.institucionteresiana.org 



ESTIMA DE LA MISIÓN EDUCATIVA
Elementos de la fisonomía de la Obra

P. Poveda (1911?), a la primera
Academia Teresiana, Oviedo

El primer libro de vuestra Academia será el de los santos Evangelios.
Deberéis enseñar a vuestras alumnas a ser buenas feligresas, amantes de la
vida parroquial, que tan resentida se halla.
Trabajad con empeño para que vuestras discípulas adquieran decidida
vocación al ministerio para el que se preparan; enseñadles a tener en gran
estima su profesión; mostradles los ejemplos apropiados para ello; hacedles
ver la importancia que tiene la vocación para la misión que han de ejercer
en la sociedad y habladles, una y muchas veces, del mérito de sus trabajos
( ... )

Desterrad de vuestra Academia las criticas, hablillas y murmuraciones, la
petulancia y sabihondez, la cursilería y el mal gusto, la intolerancia y el
despotismo, la vanidad y la frivolidad.
Enseñad a vuestras alumnas a que sean humildes, sencillas, modestas,
amables, tolerantes, juiciosas, fuertes, respetuosas, amigas de los pobres,
aficionadas al trabajo, justas y prudentes.
Enseñadles todas las virtudes y a ser virtuosas sin gazmoñería. Muchos no
se aficionan a la virtud, que es de suyo digna de ser amada, porque la hacen
repulsiva aquellos que la practican.

Memoria, inteligencia y voluntad

Escritos del Padre Pedro Poveda


Por: San Pedro Poveda, 1915 | Fuente: www.institucionteresiana.org 



San Pedro Poveda, 1915

¿Cómo debe ser la voluntad

Reina y señora de todo el ser, fácil Para el bien, invencible para el mal; dura
como la de un héroe; apasionada sin peligro, decidida sin terquedad; pronta
sin imprudencia, prudente sin suspicacia; libre sin disipación, esclava sin
humillación, templada y ardorosa, santísima y humildísima.

Vamos a la inteligencia. No querría yo ver en vuestros raciocinios nublado
alguno, siendo la verdad tan natural a la inteligencia, como el bien a la
voluntad.

Que fueseis el prototipo discurriendo y amando, y que el campo de acción de
la inteligencia sea tan puro como santo el de la voluntad. Tímida sin ser
pusilánime; firme sin ser exclusiva; justa sin desamor; bondadosa sin
injusticia. Que los juicios lleven tanta verdad como sencillez; rectos y claros,
desprovistos de pasiones y de tendencias sistemáticas; llenos de humildad.
Adornada esa inteligencia con una fe ciega, pero racional y metódica.

Memoria felicísima la que retiene, conserva, mantiene y sustenta los
recuerdos buenos y olvida con prontitud lo inútil o menos santo. En ella
viven las bondades, la verdad y la caridad como en su centro; allí no cabe
especie alguna contraria al amor y a la justicia. Reproduce constantemente
aquello que de algún modo favorece, disimula, disminuye, atenúa la falta del
prójimo, y repele de sí cuanto es patrimonio del amor propio o de cualquiera
pasión desordenada. Es auxiliar digna de la inteligencia y suministra los
materiales proporcionados a la voluntad.

La bondad conquista

Escritos del padre Pedro Poveda


Por: San Pedro Poveda, 1912 | Fuente: www.institucionteresiana.org 




San Pedro Poveda, 1912

La bondad conquista el mundo
Aprended la manera de conquistar el mundo por la educación y la cultura.

No se puede verdaderamente ser bueno, si no se es dulce, si no se es
humilde, si no se es dueño de sí y de las pasiones, si no se es prudente, si
no se está bien equilibrado moralmente, si no se está bastante alto en el
amor de Dios, si no se es desinteresado. La bondad es una mezcla de todas
las perfecciones morales, para hablar el lenguaje del Cantar ( de los
Cantares), en el que entran como ingredientes “todos los ungüentos del
perfumista”.

Es raro encontrar en la vida una persona de bondad notoria y constante, sin
tener que elogiar en ella, además, todas las virtudes posibles, y con ayuda
de la benevolencia que inspira, no hay perfección moral que no se le
conozca, incluso una excepcional elevación de inteligencia.

¿Podríamos llamarla con razón virtud de las almas grandes?

Es muy poco. San Gregorio Nacianceno se atreve a decir que: “La bondad no
es otra cosa que la divinidad misma”.
Después de oír al Santo, no os podrá causar extrañeza que los escitas
dijeran a Alejandro: “Eres Dios, luego debes ser bueno”.

¿Deseáis ser buenos? ¿Creéis ahora que siéndolo podréis conquistar el
mundo?...

Virtudes sólidas

Escritos del padre Pedro Poveda


Por: San Pedro Poveda, 1916 y 1917 | Fuente: www.institucionteresiana.org 




San Pedro Poveda, 1916 y 1917

Cumplir el deber sin ostentación

En ese algo esencial del espíritu teresiano entra el amor al trabajo; la
constante y asidua laboriosidad; el aprovechar el tiempo; el orden en todo y
la ejecución práctica de estas virtudes, sin hacer alarde de ello, sin
mencionarlo siquiera.

Pero este vivir provechoso y este rendimiento constante ha de ser ordenado,
libre de precipitaciones, de aturdimiento y de afanes. Para aprovechar bien
el tiempo hay que emplearlo en lo que Dios quiere que lo empleemos ( ... )

En las virtudes típicas [del miembro de la Obra] entran como fundamentales
la mortificación interna, la abnegación, el sacrificio, la entrega de sí, el darse
sin reserva y el hacerlo sin afectación, con suma naturalidad y cual si el
ejecutarlo ni fuera trabajoso, ni tuviera mérito alguno ( ... )

En este trato de gentes, en esta exquisita corrección de modales, palabras,
gestos y ademanes, ha de proceder con todos sin diferencias ni distingos,
pues salvando los formulismos sociales y las etiquetas necesarias, lo
substancial debe ser idéntico para mayores, iguales y menores.

La naturalidad
No puedo sustraerme al deseo de copiar algunos renglones de un libro que
manejo en estos días. Dice su autor, entre otras muchas cosas harto dignas
de ser notadas, que en santa Teresa sobresale, como carácter inconfundible
y triunfador que informa por igual toda su vida, ( ... ) la naturalidad en sumo
grado; la llaneza más franca y absoluta en sus ideas lo mismo que en sus
palabras y en sus afectos.

¿Qué nos impide ser sencillos?

Bien sé que esta llaneza franca y absoluta tiene sus quiebras si no va
regulada por la prudencia más exquisita. Pero ¿ha de ser, por fuerza, la
cultura antítesis de la naturalidad? Pero ¿acaso la prudencia no es condición
precisa para la virtud? ¿Serán más bien la escasez de cultura y la falta de
virtud los obstáculos que nos impiden ser francos, ingenuos y sencillos? Así
parece que debe acontecer, pues [santa Teresa] fue muy santa, fue doctora
y, siendo mujer y monja por añadidura, poseyó la naturalidad en sumo
grado y la llaneza más franca y absoluta en sus ideas, lo mismo que en sus
palabras y en sus afectos.

Fuertes y amables. Duros y blandos

¿Os sorprende la contradicción? Pues atended y quedaréis convencidos de
que no existe. Blandos, dulces, compasivos, cariñosos, transigentes,
benignos, amables, etc., para todos; pero fuertes, duros, rigurosos,
inquebrantables para con vosotros mismos.
2
¿Cómo lograr ambas cosas? Os diré un medio eficacísimo: el fuego divino del
amor de Dios.

¿No es cierto que el fuego ablanda y endurece? Sometidas a su acción
algunas cosas, quedan tan blandas que se derriten, y hay otras que, a
medida que es mayor la acción del fuego sobre ellas, más se endurecen. Uno
mismo es el agente que produce efectos tan contrarios. Pues bien, el fuego
de la divina caridad produce efectos análogos.

Cuando el alma vive bajo la acción del fuego divino, cuando en la oración, en
la lectura de libros santos, en los ejercicios de piedad y sobre todo en la
sagrada comunión, obra en nosotros el fuego de la divina caridad, nosotros
quedamos llenos de esta caridad, la cual, si aumenta, hace que nos
derritamos en compasión, dulzura, benignidad, afecto, etc. No lo dudéis: a
medida que el amor de Dios prende en nosotros, vamos ganando en
suavidad y blandura.

Pero, además, ese fuego divino, operando en nosotros, nos mueve a
penitencia, a sufrimientos, a fortaleza y a rigor, y en tal proporción sucede
esto, que somos tan benignos para con el prójimo cuanto somos duros con
nosotros mismos.

Sufrir nosotros y prodigar beneficios al prójimo; padecer yo para que goce el
hermano; cargar sobre mí las amarguras para encaminar los goces a los
demás, tales son los efectos del fuego divino. Duros para sí, blandos para los
otros. Este es el cristianismo verdad, y éste es, por tanto, el espíritu que yo
deseo ver.

Yo desconfío mucho de aquellas almas que, viviendo constantemente al calor
de ese fuego divino, son egoístas, propenden a su bien, se olvidan del bien
ajeno, prefieren su satisfacción, apetecen gozar, se enojan cuando sufren y,
en una palabra, son blandas para sí y duras para el prójimo.

Jesús, nuestro divino Maestro, ni nació, ni vivió, ni murió así; toda su vida,
desde Belén al Calvario, fue un perpetuo sacrificio.
Es cierto que tal modo de ser no llama la atención; que nuestra blandura se
tomará en mil ocasiones por debilidad, temor, deseo de agradar y hasta por
medio para ser queridos y admirados; que nuestro rigor para nosotros
mismos podrá ser interpretado en sentido desfavorable también; que el
prodigarse bondadosamente y el sufrir en silencio son cosas que pasan
ignoradas para las gentes; pero ¡cuán verdadera es la virtud que así obra y
se oculta!

Mejor es dar que recibir

Bien quisiera yo que estas palabras de Cristo fueran [nuestro] lema ( ... )
Mejor es dar; mejor es sacrificarse por el prójimo, entregar por amor cuanto
se tiene, socorrerlo, consolarlo, enseñarle, darle, en suma, reposo, salud,
gracia; todo, hacerse todo para todos, a fin de ganarlos para Cristo (1 Cor,
9, 22). Derroche de generosidad, olvido de sí propio, empeño en
enriquecerlo, alegría cuando se consigue y paz del corazón cuando se
consuma el sacrificio en aras de ese amor.
Entregaos, y estad seguros del retorno; la medida de lo que habéis de
recibir, no para vosotros, sino para Dios ha de ser la entrega vuestra.3

Que cada cual sea cual es

Es un defecto que trae consigo muchos disgustos, el prurito que tienen
algunos, los cuales se obstinan en querer que todos sean a medida de su
deseo. Dejad que sea cada cual según es, pues ya Dios nuestro Señor sabe
santificar a cada uno llevándolo por el camino que El le traza. ( ... )

Procura tu santificación con ese tu modo de ser, pero dejando que el prójimo
se santifique con su peculiar manera de vivir. ¿Tú crees que eres como
debes? Bien esta que así lo creas, siempre que seas cual lo crees; pero ¿por
qué has de pensar que el prójimo, por no ser como tú, no es cual debe ser?

¿Querer que todos sean como nosotros?

Hay santos tristes y santos alegres; los hay que llegaron al mayor grado de
santidad sin hacer otra cosa que cumplir bien sus deberes, y quienes
consumieron sus vidas en vigilias, penitencias y tormentos para santificarse.

Los males que acarrea esta necia presunción de querer que todos sean como
nosotros queremos, sin jamás querer nosotros dejar de ser como somos,
difícilmente puede calcularse.
Vulgaridad impropia de quien algo sabe de espíritu es la de no tolerar al
prójimo las faltas más nimias, pretendiendo que a nosotros se nos dispensen
las mayores.

Pretender que el prójimo nos soporte cuanto queremos y que a nosotros no
se nos moleste, o si se nos molesta sea a la hora, el día y en el tiempo que
nos conviene, es ceguera muy común.

Diversidad de caracteres

Aunque se reconozca que la diversidad de caracteres, cultura, etc.,
imprimen modalidades especiales que son inevitables, no queriendo, ni
mucho menos, anular la personalidad propia, sino antes bien procurando
perfeccionar la de cada uno, debe existir un algo sustancial, idéntico, para la
formación de todos, y ese algo hay que definirlo bien, para que todos lo
sepan, lo enseñen y lo ejecuten. Si no salvamos esto sustancial, la Obra no
llegará nunca a tener una fisonomía propia y definida.

Espíritu común

Se ha de tender a que la piedad sea sólida, arraigada, profunda, sumamente
discreta, oportuna, tranquila, firme, sosegada, seria, puesta a prueba,
alegre, severa, libre de ridiculeces, gazmoñerías, rarezas, escrúpulos, etc.
Concepto cabal de las cosas y de las personas, de representación y
simbolismo. Tratar santamente de lo que es santo ( ... ). Aversión a todo lo
que no sea ordenado, recto, puro, justo, sensato, digno. Un vivir serio y que
jamás engendre aburrimientos, desconsuelos, alteraciones, desalientos; una
ecuanimidad espontánea, fruto del orden en que está todo nuestro ser.

Sin que nada nos escandalice ni tengamos tan equivocado concepto del
mundo que choquemos constantemente con él y resultemos espíritus
asustadizos, enojosos y enojados con todos.
Cristo dentro, cristíferos en el alma; que si El vive en notros, nuestros
modales, nuestra fisonomía, nuestras palabras y obras revelarán a Cristo.
Vivir mucho con El, para resultar pareciéndole; que si le parecemos,
tendremos idénticos gustos.4

Desprendidos de todo, poseedores de todo

A la Obra ha de llegarse por Dios y para Dios, que así vino Cristo al mundo,
que si descendió fue para glorificar al Padre y salvarnos ( ... ) Exteriormente
habéis de ser como el Hijo de José, pero interiormente también habéis de
imitarle.

En esto consiste la fidelidad al espíritu de la Obra. Y no os preocupéis de si
sois más o menos útiles, si vuestra labor es o no de provecho. Sea continua
vuestra oración, exacto el cumplimiento de vuestros deberes, mortificados
hasta el heroísmo, humildes en verdad y en silencio, desprendidos de todo
para ser poseedores de todo. Que si por estos caminos vais, aunque nadie lo
sepa ni se entere de ello, ni pondere vuestra virtud. aunque de vosotros se
diga cual se decía de Cristo que era el hijo del carpintero, es decir, que sois
como todos los de vuestra clase y condición, no os importe, si vuestra
presencia, vuestras palabras y vuestras obras producen los efectos que las
de Cristo.

Ignorancia y falta de humildad

La ignorancia unas veces; otras, la presunción más o menos disfrazada, y
algunas el celo mal entendido, son causas que pueden haceros faltar a la
humildad en las palabras. Porque hay quienes creen ser más humildes
cuanto más alarde hacen de serlo; otros buscan la alabanza por la humildad,
y hasta algunos hay que pretenden edificar al prójimo hablando de sí y de
sus cosas. Pronunciémonos contra todas esas falsas expresiones de
humildad.

Lo primero que se me ocurre pensar cuando observo la manera de
expresarse que usan algunos, es que el corazón no está libre de vanidad,
pues de la abundancia de él habla la boca. Es preferible un silencio prudente
a esa estrepitosa humildad que no tiene de tal más que la expresión; como
es signo más seguro de humildad verdadera, el olvido de sí mismo que el
uso de frases de propio desprecio no sentido.

Alábete el ajeno y no tu boca

Yo quisiera que os empeñaseis más en olvidaros de vosotros que en hacer la
apología de vuestras flaquezas y miserias. Cuando pedís a los que
presencian vuestras acciones que os digan vuestros defectos, habéis de hacerlo
con un profundo espíritu de humildad, no sea que, como dice san
Gregorio, busquéis más la alabanza que la reprensión. No os engañéis a
vosotros mismos buscando ser honrados y estimados por medio de la humildad.

Y por si entendierais que hac6és bien al prójimo y le edificáis refiriendo
vuestras cosas, quiero recordaros las palabras de Salomón: alábete el ajeno
y no tu boca; el extraño y no tus labios (Pr 27, 2). iCuánto mejor sería
demostrar con los hechos que sois verdaderamente humildes, y cuánto más
edificaréis al prójimo de esta manera!
Y así, haced vosotros con los demás hombres todo lo que deseáis que hagan
ellos con vosotros; porque ésta es la suma de la ley y los profetas (Mt 7,
12). Ni puede darte regla más segura, ni más general, ni más breve.
¿Queréis recibir beneficios? Hacedlos vosotros. ¿Queréis ser alabados?
Alabad a otros. ¿Queréis ser amados? Amad. ¿Queréis que os den la ventaja
5
y lo mejor y más honroso? Ceded vosotros primero de eso y procurad darlo
a otros.

Si no das, no exijas

Ten por seguro que la medida de lo que recojas está en lo que des, y si
paras la atención en lo que de ordinario acontece, observarás que en la
mayoría de los casos exigimos al prójimo lo que nosotros no damos. Nos
dolemos porque los demás no nos estiman, ni nos respetan, ni nos
obedecen, ni nos atienden, ni se sacrifican por nosotros, ni nos dispensan
nuestros defectos, ni echan a la mejor parte nuestras faltas, ni toman en
consideración nuestra flaqueza, etc.; pero no pensamos que todo esto es
fruto de nuestro comportamiento con el prójimo.

Las obras dan testimonio de nosotros

Nos engañamos a nosotros mismos cuando decimos que queremos, que
respetamos, que obedecemos a los demás, y luego nuestras obras dicen lo
contrario.

Las obras, sí, ellas son las que dan testimonio de nosotros y las que dicen
con elocuencia incomparable lo que somos. Prefiere siempre las grandes
obras en el silencio, a las pequeñas con discursos pomposos. Ojalá que seas
tú del número de los que hacen mucho sin apenas decir nada y no de los
otros que ponderan, enaltecen y celebran lo poco que hacen. En esto, como
en todo, hemos de imitar a Jesucristo, cuya vida oculta debe ser nuestra
meditación constante.

Dice el Apóstol: Y así, hermanos, ved vuestra vocación, que no sois muchos
sabios según la carne; no muchos poderosos, no muchos nobles (1 Cor 1,
26). Como si os dijera: pensad en lo que es vuestra Obra, en su grandeza,
en sus progresos, en el bien que dispensa a la humanidad, y al propio
tiempo echad una mirada sobre vuestra familia teresiana y ved que son
poquísimos -y tan pocos!- los de gran talento, los poderosos y los nobles.
Comparad el fin con los medios, y deduciréis vuestra vocación y tendréis que
reconocer que Dios es quien lo hace todo, que vosotros sois débiles
instrumentos. Cuando reflexionáis lo que Dios hace por vuestro medio, ¿no
es mayor vuestra gratitud?

La verdadera sabiduría

Y en esto sí que mostráis verdadera sabiduría, porque si Dios escogió las
cosas locas, las flacas y despreciables y aquellas que no son, para confundir
a los sabios, y a los fuertes y a las cosas que son; y vosotros os reconocéis
flacos, viles, despreciables, pero escogidos por Dios, por el hecho de ser
tales y para mayor gloria de su santo nombre, ¿querríais salir de vuestra
miseria y pobreza? Con razón estáis tan satisfechos de vuestra pequeñez.

Con razón no envidiáis ni a los sabios, ni a los fuertes, ni a los poderosos.
Ahora penetraos bien de por qué hizo Dios esta elección, para que cumpláis
fielmente su voluntad. También nos lo dice san Pablo: Para que ningún
hombre se jacte delante de El... Para que, como está escrito, el que se
gloría, gloríese en el Señor (1 Cor 1, 29.31). Ya lo sabéis, ni jactaros, ni
gloriaros, ni aun de vuestra insignificancia, porque toda la gloria ha de ser
para Dios.6

Ausencia de personalismo

Conservar, fomentar y hacer que arraigue en [los miembros de la
Asociación) el espíritu de humildad, es de suma trascendencia para la obra
de apostolado que realizamos y por tanto, hay que desterrar a todo trance
aquello que sea síntoma inequívoco de soberbia. Lo es la costumbre de
quienes se expresan de tal manera que más parecen autores y ejecutores de
una empresa humana, que instrumentos de una obra de celo; que en sus
conversaciones, mandatos, reprensiones, y en suma, en todo lo que hacen
(…) usan tales frases, tal tono y hasta a veces, tales modales, que
desnaturalizan la Obra que representan, y desedifican a los que tienen cabal
concepto de los cargos y del papel que en ellos representa el que los
desempeña ( ... ) ya que todo lo que sea personalismo, y amor al yo es un
intento de usurpación de la gloria que a sólo Dios corresponde.

Tolerancia mutua

Por lo cual, toleraos mutuamente, como Cristo os toleró en honor de Dios
(Rom 15, 7). Si cuando nos cuesta mucho sacrificio tolerar al prójimo nos
detuviéramos a considerar cuánto y cómo nos toleró Jesús para gloria de su
eterno Padre, iqué poco nos costaría sufrirnos mutuamente! ¿Por qué se nos
hace tan difícil esa tolerancia? Seguramente no es porque seamos muy
perfectos, porque nadie lo es más que Cristo y El nos toleró en honor del
Padre, de manera incomparable. ¿No será, quizá, que la falta de celo por el
honor de Dios y la [falta] de perfección propia nos llevan a ser intolerantes
con el prójimo, al propio tiempo que somos tolerantes con nosotros mismos?
Por este medio hemos de conocer si somos lo que debemos, si alabamos al
Señor como El desea, y procuramos su gloria y la salvación del prójimo al
par que la nuestra. Sabed las mismas cosas, alabad al Señor de idéntico
modo, toleraos mutuamente y hacedlo todo para gloria de Dios nuestro
Señor.

Fe, virtud, ciencia y estudio

Escritos del Padre Pedro Poveda


Por: San Pedro Poveda, 1919,1920, 1930 | Fuente: www.institucionteresiana.org 



FE, VIRTUD, CIENCIA Y ESTUDIO
San Pedro Poveda, 1919,1920, 1930

El cumplimiento de vuestro deber exige fe y ciencia

Vosotros, pues, aplicando todo cuidado, juntad a vuestra fe, virtud, y a la
virtud, ciencia. Y a la ciencia templanza, y a la templanza, paciencia, y a la
paciencia, piedad (2 P 1, 5-6).

Lo primero la fe, sin la cual no hay salvación posible; después, o mejor
dicho, con la fe, virtud; que si aquélla es viva, obra, y sus obras son
virtudes.

Hay que juntar también ciencia, porque el cumplimiento de tus deberes
exige la ciencia, que no podrás enseñar si no la posees.
Ese vosotros con que da principio san Pedro a su versículo quinto, parece
especialmente dicho a los que tienen la profesión de enseñar; y aquella
frase, aplicando todo cuidado, denota la diligencia con que han de procurar
la fe, la virtud y la ciencia (...)

La fe de los primeros cristianos

Habéis de adquirir el espíritu de fe que da serenidad a vuestros actos,
seriedad a vuestra vida, ejemplaridad a vuestras costumbres, saludable
temor a vuestro espíritu, tino y mesura a vuestras conversaciones, rectitud y
justeza a vuestros pensamientos, aplicándoos a ello con todo cuidado y con
la mayor diligencia posible. Precisamente en esto os habéis de distinguir; en
que la mayoría de las gentes no ponen verdadero empeño en adquirir el
espíritu de fe y vosotras, ( ... ) habéis de profesar la misma fe, sí, que todas
las que se dicen cristianas como vosotras, pero de manera bien distinta. Así
es como la fe da fruto; así es como obra virtudes. Las mismas; verdades
que creían los apóstoles, los mártires y los primeros cristianos, creemos
nosotros; el credo que ellos recitaban lo repetimos nosotros, y por desgracia
nuestra fe no ha merecido aún el premio que la de aquellos a quienes sanó
Cristo y cuya fe alabó públicamente declarando que ella había sido la causa
del prodigio.

Fe con obras

Juntando a vuestra fe, virtud. Así ha de ser si la fe es verdadera, porque el
secreto de la santidad de los primeros cristianos no ha de encontrarse en la
diferencia de los tiempos, ni en la diversidad de los climas, ni en la distinción
de las persecuciones, ni en mejor naturaleza, sino en la fe viva que
engendraba la caridad y daba sus naturales frutos que son las virtudes.
Virtudes excelentes en medio de las costumbres paganas, y ma7ntenidas
con el heroísmo que sólo en la fe tiene explicación.

Ciencia sólida

Y a la virtud, ciencia. Debería ser tal, que nadie supiera más que vosotras, ni
tuviera el arte que vosotras para hacer amable el estudio, para inculcar el
amor a la ciencia, cuyo autor es Dios, sabiduría infinita, a quien más nos
asemejamos a medida que más verdades conocemos. ¿Qué mayor ejercicio
de virtud que la perseverante y metódica labor que os está encomendada?
¿Cómo podréis dar más gloria a Dios y a vuestra Institución; cómo podréis
santificar mejor a las jóvenes? (…) iY para el porvenir! Si formáis, en fuerza
de vuestra ciencia metódica y asequible, generaciones de maestras que,
imitando vuestro ejemplo, profesen amor al estudio a la enseñanza ¿será
fructuoso vuestro apostolado?

Competencia profesional

¿Calculáis vosotras la influencia que tiene el argumento de que son las más
activas, competentes y buenas profesoras, aquellas que son las más
virtuosas y que tienen la fe más viva? ¿Sospecháis el daño que produce (...)
el argumento de que son las más ignorantes, las que más faltan a sus
clases, las que estudian menos, las que no sienten vocación por su carrera,
aquellas que se llaman más devotas, pasan por tales y hasta se ofenden si
no son así calificadas? Dura será mi afirmación, pero no vacilo en hacerla. Si
no edificáis por vuestra ciencia, por vuestro estudio, por vuestro saber,
habrá que dudar de vuestra virtud, y temer por vuestra fe y negar vuestro
teresianismo.

Vida racional y sobria

Y a la ciencia, templanza. Sí, templanza; porque si falta esta virtud, luego se
sensibiliza todo ( ... ) Pureza de corazón, rectitud de intención, vida racional
y sobria, que harto se trasluce y edifica y mérito extraordinario da a las
jóvenes y de grandes males las libra.

Y a la templanza, paciencia. Huelga comentar esta frase porque la necesidad
de la paciencia en el que ha de educar nadie la duda. Y si la educación ha de
ser tan perfecta como deseamos, y si todo ha de hacerse por Dios y por su
gloria, iqué tesoros de paciencia habremos menester! El educador debe ser
dueño de sí, y según frase del Espíritu Santo, en la paciencia poseeremos
nuestras almas. Y acontece de ordinario que es menor el caudal de paciencia
cuanto mayores son nuestras imperfecciones, y si éstas son muchas, mal
soportamos las del prójimo y menos si éste es inferior.
Esto, sin contar la cantidad de ella que necesitamos, no para soportar,
corregir y educar al prójimo, sino para educarnos a nosotros mismos y
soportar nuestros defectos.

Piedad sólida y amable

Y a la paciencia, piedad. En expresión del Espíritu Santo la piedad es útil
para todo (1 Tm 4, 8). ¿Cómo no ha de serlo para el ejercicio de vuestra
profesión? Piedad sólida, tranquila, amable, severa, dulce, pacífica oportuna,
prudente, sin ridiculeces ni gazmoñerías, sin petulancias ni exigencias, sin
brusquedades ni alborotos; a tiempo, acorde siempre y según el acto, la
persona y el lugar. En fin, la piedad, fruto del amor de Dios, que si de ahí
nace no le faltará ni le sobrará nada.

Preparación adecuada para la misión

[Los miembros de la Obra] para llenar su cometido, necesitan virtud y
ciencia, y en faltando una u otra quedan inhabilitados para cumplir su
misión.

Vuestra ciencia abrillantará vuestra virtud.
Si llegaseis a conocer los frutos que, en orden a la santificación del prójimo,
produce la ciencia, pondríais tanto empeño en adquirirla cuanto fuera
vuestro celo por su salvación.

La cultura es arma poderosa para adueñarse de los que ni distinguen ni
aprecian la virtud, y, por lo tanto, el que no procura adquirirla, renuncia a un
arma insustituible para atraer a cierta clase de personas.
El amor al estudio y el empeño por adquirir la ciencia, están en razón directa
del amor a la Obra y del celo por su buen nombre.
Ante las alumnas y ante la sociedad adquieren vuestras virtudes un realce
extraordinario, cuando se reconoce en vosotras cierto grado de cultura.

El deber sagrado del estudio

Padecen lamentable equivocación las que dejan el estudio con suma
facilidad, creyendo que con esta omisión no faltan a sus deberes.
Las que pretextando amor a la virtud y afán por conseguirla olvidan la
adquisición de la ciencia, no cumplen con una de las principales obligaciones
de su estado.

Cuando hay tiempo para todo menos para el estudio para los trabajos
culturales, se deja incompleta la labor del Internado.
Si por Dios se estudia, por Dios se explica, por Dios se dan conferencias y
por Dios se escribe, se estudiará, se explicará, se darán conferencias y se
escribirá bien…

Seguir el movimiento intelectual

Si os interesara el movimiento intelectual del mundo y deseárais imponeros
en los adelantos de la época, para bien de la Obra y de las alumnas,
gestionaríais con verdadero celo la adquisición de libros y revistas, por los
muchos medios que están a vuestro alcance.

Si hubiera verdadero empeño en que nuestro ‘Boletín’ fuera una publicación
digna de llamarse teresiana, cada una aportaría a él, aun a costa de
sacrificios, lo mejor que supiera y pudiera escribir.

Cuando no se observa afán por los libros y revistas, empeño en adquirir
material de enseñanza, por hacer excursiones científicas, celebrar
conferencias y actos literarios, es señal inequívoca de que no hay [miembros
de la Obra] conocedores de su misión y de que falta el espíritu de la Obra.
Sin pedanterías ni extravagancias debéis aficionar a vuestras alumnas, y
darles de ello ejemplo, a las conversaciones científicas y literarias, las
cuales, sobre ser útiles, libran a la juventud de muchos males.

Extensión cultural

También debéis organizar en las clases de adultas, y ayudadas de las
antiguas alumnas, cierta extensión cultural, cursos breves y enseñanzas
sociales harto provechosos para el personal de estas clases.

Gran auxilio pueden prestaros en la organización y desarrollo de los actos
mencionados las cooperadoras técnicas de la Institución.
Si las que han de velar por el buen nombre de la Obra confiada a su celo,
dejan en lamentable abandono cuanto a la cultura se refiere, contribuyen,
sin quererlo, al descrédito de la Institución y la desnaturalizan. En donde se
imponga la necesidad de rectificar en orden a la educación intelectual,
procédase a ello sin demora.

Estudiar, aprender, enseñar (1930)

Debería ser innecesario el examen acerca del estudio y de la cultura en una
Institución cuya principal arma para ejercer su apostolado es la ciencia.
Sociedades de mujeres hay muchas gracias a Dios, que se santifican orando,
rezando, visitando enfermos, cuidándolos; amparando niños, recogiendo
jóvenes y ejerciendo de diversas maneras la caridad. Los medios para sus
respectivos apostolados son muy distintos, y si ellas, después de profesar
uno determinado, emplearan otro que no fuera aquél, con detrimento de su
vocación y de su obra, harían mal y causarían daño.

Después de la oración no hay nada más claro, ni más repetido en la
Institución, ni más recomendado que el estudio pero habrá necesidad de
esculpir en un mármol para colocarlo en cada casa un rótulo que diga:”[Los
miembros de la Obra] se han de santificar estudiando, aprendiendo y
enseñando”.

Hay quienes se consideran relevadas de esta obligación porque se creen tan
poco aptas para el estudio, que juzgan de ningún provecho su trabajo en
este orden. No lo están bajo ningún aspecto.
Si es sincera la que así piensa, tenga presente que no se le pide más de lo
que puede, ni se le exige lo que está sobre su voluntad. Si no es sincera,
sino que quiere engañarse y engañar para librarse de un trabajo, falta a su
deber.

Si es tan soberbia que porque no puede llegar donde llegan otras, quiere
dejar de cumplir su deber, falta doblemente.
Cada una tiene su capacidad, no hay sociedad donde todos los miembros
sean igualmente aptos, pero todos son aprovechables.
Recúrrase a los mejores maestros para aprender lo más que se pueda, lo
mejor que se pueda y en el menor tiempo posible a fin de que ( ... ) se
capaciten debidamente para la labor que les está confiada.
No puedo creer que entendiendo [los miembros de la Obra] lo que va para la
gloria de Dios en todo lo dicho dejaran de ser estudiosos y cultos.
Insístase mucho en que estos medios son los necesarios para cumplir los
fines de la Institución, y que a ellos ha de vincular nuestro Señor gracias
para la propia y ajena santificación.

Nunca digáis no más ciencia (1930)

Ciencia. En nuestro programa, después de la fe, mejor dicho con la fe,
ponemos la ciencia. Somos hijos del Dios de las Ciencias, de quien dice la
Sagrada Escritura, Deus scientiarum Dominus est. El autor de la fe y de la
ciencia es uno mismo, Dios, y el sujeto de la fe y de la ciencia la criatura
humana. Así como os decía el otro día que seáis mujeres de mucha fe, de fe
viva, de fe sentida, y que nunca digáis, no más fe, así os digo hoy, desear la
ciencia, buscar la ciencia, adquirir la ciencia, trabajar para conseguirla y no
os canséis nunca, ni digáis jamás: No más ciencia. La mucha ciencia lleva a
Dios, la poca nos separa de El, dijo un sabio.

En fuerza de oír mentiras, y por vivir en esta época de confusión de ideas y
de falsedades de todo género, pasamos sin protesta el que se ataque a
nuestras creencias y se argumente contra nuestra fe en nombre de la
ciencia, y se presente a la Iglesia, a nuestra madre amadísima la esposa de
Jesucristo, como enemiga de la ciencia, y que se establezca un dualismo
dentro de la misma personalidad (cosas del modernismo) la personalidad
religiosa y la personalidad científica, y hasta se pretende que las mujeres no
profundicen en la ciencia para no quitarles la piedad. Todo esto es absurdo,
herético, falso de toda falsedad, gratuita impostura de los que tienen miedo
a la ciencia verdadera y explotan la falsa ciencia para seducir incautos.

Convencidas vosotras de la falsedad de estos tópicos demasiado vulgares y
desacreditados, debéis profesar como uno de los puntos principales de
vuestro programa el amor a la ciencia, la necesidad de la ciencia para ser
mañana útiles a la sociedad en el ejercicio de vuestras carreras.
No respondemos a lo que somos, a lo que debemos, a lo que se nos pide.
Para que Dios nos otorgue especiales auxilios como los necesitamos, hemos
de poner de nuestra parte. Hay que estudiar más, con mejor orientación,
con más consejo. No ceso de hablar del estudio, escribí muchas veces,
hablé, dí normas ( … ) Deben ir bien preparadas a la Universidad.

Obra de cultura, no de beneficencia (1932)

Yo quisiera que considerarais el estudio como uno de vuestros principales
deberes.

Vinisteis a una Obra de cultura, no de beneficencia ni de trabajo manual.
Hay que demostrar con los hechos que la ciencia hermana bien con la
santidad de vida.

Hay que demostrar con los hechos que es falsa y sectaria la afirmación de
quienes ponen en conflicto a la religión con la ciencia.

En vuestro escudo se lee: Deus scientiarum Dominus est.
Al lado del gran misterio de la fe, está en vuestro escudo el cuartel donde se
simboliza la ciencia.

Cuántas virtudes podréis practicar con el estudio y de cuántos defectos os
librará.

El estudio no es para vosotros algo bueno, útil, provechoso, es algo
necesario, imprescindible.

Prescindir de él equivaldría a mutilar vuestra Obra.

Se os manda estudiar; se os pide el estudio; no podréis llenar vuestra
misión sin él.

Es deber de justicia. La Institución os atiende en todo, pero vosotros debéis
dar a la Institución lo que os exige.

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♥Consagración a la Virgen María

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CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
"Oh, Corazón Inmaculado de María, refugio seguro de nosotros pecadores y ancla firme de salvación, a Ti queremos hoy consagrar nuestro matrimonio. En estos tiempos de gran batalla espiritual entre los valores familiares auténticos y la mentalidad permisiva del mundo, te pedimos que Tu, Madre y Maestra, nos muestres el camino verdadero del amor, del compromiso, de la fidelidad, del sacrificio y del servicio. Te pedimos que hoy, al consagrarnos a Ti, nos recibas en tu Corazón, nos refugies en tu manto virginal, nos protejas con tus brazos maternales y nos lleves por camino seguro hacia el Corazón de tu Hijo, Jesús. Tu que eres la Madre de Cristo, te pedimos nos formes y moldees, para que ambos seamos imágenes vivientes de Jesús en nuestra familia, en la Iglesia y en el mundo. Tu que eres Virgen y Madre, derrama sobre nosotros el espíritu de pureza de corazón, de mente y de cuerpo. Tu que eres nuestra Madre espiritual, ayúdanos a crecer en la vida de la gracia y de la santidad, y no permitas que caigamos en pecado mortal o que desperdiciemos las gracias ganadas por tu Hijo en la Cruz. Tu que eres Maestra de las almas, enséñanos a ser dóciles como Tu, para acoger con obediencia y agradecimiento toda la Verdad revelada por Cristo en su Palabra y en la Iglesia. Tu que eres Mediadora de las gracias, se el canal seguro por el cual nosotros recibamos las gracias de conversión, de amor, de paz, de comunicación, de unidad y comprensión. Tu que eres Intercesora ante tu Hijo, mantén tu mirada misericordiosa sobre nosotros, y acércate siempre a tu Hijo, implorando como en Caná, por el milagro del vino que nos hace falta. Tu que eres Corredentora, enséñanos a ser fieles, el uno al otro, en los momentos de sufrimiento y de cruz. Que no busquemos cada uno nuestro propio bienestar, sino el bien del otro. Que nos mantengamos fieles al compromiso adquirido ante Dios, y que los sacrificios y luchas sepamos vivirlos en unión a tu Hijo Crucificado. En virtud de la unión del Inmaculado Corazón de María con el Sagrado Corazón de Jesús, pedimos que nuestro matrimonio sea fortalecido en la unidad, en el amor, en la responsabilidad a nuestros deberes, en la entrega generosa del uno al otro y a los hijos que el Señor nos envíe. Que nuestro hogar sea un santuario doméstico donde oremos juntos y nos comuniquemos con alegría y entusiasmo. Que siempre nuestra relación sea, ante todos, un signo visible del amor y la fidelidad. Te pedimos, Oh Madre, que en virtud de esta consagración, nuestro matrimonio sea protegido de todo mal espiritual, físico o material. Que tu Corazón Inmaculado reine en nuestro hogar para que así Jesucristo sea amado y obedecido en nuestra familia. Qué sostenidos por Su amor y Su gracia nos dispongamos a construir, día a día, la civilización del amor: el Reinado de los Dos Corazones. Amén. -Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM

CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO A LOS DOS CORAZONES EN SU RENOVACIÓN DE VOTOS

CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO A LOS DOS CORAZONES EN SU RENOVACIÓN DE VOTOS
Oh Corazones de Jesús y María, cuya perfecta unidad y comunión ha sido definida como una alianza, término que es también característico del sacramento del matrimonio, por que conlleva una constante reciprocidad en el amor y en la dedicación total del uno al otro. Es la alianza de Sus Corazones la que nos revela la identidad y misión fundamental del matrimonio y la familia: ser una comunidad de amor y vida. Hoy queremos dar gracias a los Corazones de Jesús y María, ante todo, por que en ellos hemos encontrado la realización plena de nuestra vocación matrimonial y por que dentro de Sus Corazones, hemos aprendido las virtudes de la caridad ardiente, de la fidelidad y permanencia, de la abnegación y búsqueda del bien del otro. También damos gracias por que en los Corazones de Jesús y María hemos encontrado nuestro refugio seguro ante los peligros de estos tiempos en que las dos grandes culturas la del egoísmo y de la muerte, quieren ahogar como fuerte diluvio la vida matrimonial y familiar. Hoy deseamos renovar nuestros votos matrimoniales dentro de los Corazones de Jesús y María, para que dentro de sus Corazones permanezcamos siempre unidos en el amor que es mas fuerte que la muerte y en la fidelidad que es capaz de mantenerse firme en los momentos de prueba. Deseamos consagrar los años pasados, para que el Señor reciba como ofrenda de amor todo lo que en ellos ha sido manifestación de amor, de entrega, servicio y sacrificio incondicional. Queremos también ofrecer reparación por lo que no hayamos vivido como expresión sublime de nuestro sacramento. Consagramos el presente, para que sea una oportunidad de gracia y santificación de nuestras vidas personales, de nuestro matrimonio y de la vida de toda nuestra familia. Que sepamos hoy escuchar los designios de los Corazones de Jesús y María, y respondamos con generosidad y prontitud a todo lo que Ellos nos indiquen y deseen hacer con nosotros. Que hoy nos dispongamos, por el fruto de esta consagración a construir la civilización del amor y la vida. Consagramos los años venideros, para que atentos a Sus designios de amor y misericordia, nos dispongamos a vivir cada momento dentro de los Corazones de Jesús y María, manifestando entre nosotros y a los demás, sus virtudes, disposiciones internas y externas. Consagramos todas las alegrías y las tristezas, las pruebas y los gozos, todo ofrecido en reparación y consolación a Sus Corazones. Consagramos toda nuestra familia para que sea un santuario doméstico de los Dos Corazones, en donde se viva en oración, comunión, comunicación, generosidad y fidelidad en el sufrimiento. Que los Corazones de Jesús y María nos protejan de todo mal espiritual, físico o material. Que los Dos Corazones reinen en nuestro matrimonio y en nuestra familia, para que Ellos sean los que dirijan nuestros corazones y vivamos así, cada día, construyendo el reinado de sus Corazones: la civilización del amor y la vida. Amén! Nombre de esposos______________________________ Fecha________________________ -Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM

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