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sábado, 23 de febrero de 2013

►Declaración feminista contra el aborto



"Muchas de nosotras, involucradas por muchos años en el movimiento feminista, reconocemos que el aborto dificulta la igualdad y los derechos de la mujer, y que también degrada a la mujer individualmente."

A estas conclusiones hemos llegado por las siguientes razones:

Porque tenemos conocimiento de las situaciones reales que llevan a la mujer a abortar, incluyendo la actitud hostil al embarazo, la explotación médica y sexual, la insensibilidad a las necesidades de la nueva madre, la presión económica y la baja auto-estima; el conocimiento también del trauma que sufren muchas mujeres después del aborto.

Porque reconocemos que la discriminación en contra de cualquier miembro de la raza humana socava la base misma del feminismo; no se debe discriminar contra el niño por nacer, por aquellos que reclaman la igualdad, discriminación que resulta fatal para éste.

Porque somos fieles a la filosofía feminista tradicional, la cual repetidas veces condenó el aborto como una atrocidad, impuesta por la fuerza a la mujer por una sociedad dominada por el hombre machista.

Porque estamos conscientes de que gran parte del apoyo al aborto proviene de motivos egoístas que no tienen nada que ver con el bienestar de la mujer, --tales como las ganancias lucrativas de los aborteros; el deseo de explotación sexual de la mujer por parte de los hombres que evitan el asumir la responsabilidad por los hijos concebidos; y el interés de los eugenesistas de eliminar globalmente a los que ellos catalogan como "comensales inútiles."

Porque tememos que debido al aumento cada vez mayor en el número de abortos de bebés basados en la selección del sexo, la discriminación basada en el género se ha extendido por el aborto al período pre-natal, con consecuencias mortales para las niñitas.
Esta declaración fue emitida por la organización:
Feminists for Life of America
733 15th Street, NW, Suite 1100
Washington, DC 20005 USA 
Tel. (202) 737-FFLA (737-3352)
Sitio de web: http://www.feministsforlife.org/

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miércoles, 29 de agosto de 2012

►FAMILIA




http://www.youtube.com/watch?v=QZA8WigI20Y&feature=plcp

Familia: 
Los miembros que componen un hogar; un grupo de personas relacionadas entre sí a través del matrimonio o por consanguinidad y que, típicamente, incluye un padre, una madre y los hijos. La familia es una sociedad natural cuyo derecho a existir y a apoyarse mutuamente es de ley divina y no una concesión del estado. De acuerdo al Concilio Vaticano Segundo, "la familia es la fundación de la sociedad" (La Iglesia en el Mundo Moderno, II, 52). Además de la familia natural, la Iglesia también reconoce a la familia sobrenatural de la diócesis y de las comunidades religiosas, cuyos miembros deberán de cooperar para la edificación del Cuerpo de Cristo. (Decreto sobre la Oficina Pastoral de los Obispos, 34 y la Constitución Dogmática de la Iglesia, 43).

Matrimonio cristiano:
 "Matrimonio cristiano: Aquella unión de los cristianos, llamada por el Apóstol sacramento grande en Cristo y en la Iglesia, reclama también toda nuestra solicitud, por parte de todos, para impedir que, por ideas poco exactas, se diga o se intente algo contra la santidad, o contra la indisolubilidad del vínculo conyugal." -Papa Gregorio XVI el 15-08-1832, (Carta encíclica Mirari Vos # 8º).

jueves, 21 de junio de 2012

►EL RESPETO A LA VIDA Y A LA FAMILIA ES NECESARIO PARA EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

Gracias a VHI por la importante labor y difusión de temas que nos mantienen con información actualizada.
Gracias al Señor Adolfo Castañeda por enviar a nuestros correos las noticias mas relevantes en materia pro-vida.
Dios los bendiga por tan valiosa tarea.






Adolfo J. Castañeda, MA, STL

Director de Educación e Investigación para el Mundo Hispano

Vida Humana Internacional



Las economías centralizadas en el gobierno o en un libre mercado sin ética, y no en las personas y las familias no funcionan por cuatro razones fundamentales:



(1) Matan la iniciativa, la creatividad y la libertad personal de grupos e individuos, sobre todo de aquellos que tienen el don empresarial que Dios les ha dado y que tienen visión y habilidad, no sólo para inventar productos, sino también para poner a un montón de gente a trabajar eficiente y organizadamente. El que produce riqueza no es el Estado, sino la gente en condiciones adecuadas.



(2) Matan lo que yo llamaría "localidad". La economía no crece de verdad con grandes planes macroeconómicos dictados por el gobierno (menos aún un gobierno dictatorial), sino a base de iniciativas locales de individuos dotados con visión de las necesidades reales de la gente en su entorno, necesidades que ellos conocen mejor que burócratas expertos pero desmotivados económicamente (porque responden a un gobernante y no a sus propios intereses ni de los de sus familias). Luego, estos empresarios locales extienden sus compañías (dependiendo del nivel de éxito) a nivel regional, nacional, internacional, etc.



(3) Matan el incentivo, porque matan los elementos ya mencionados, así como la propiedad privada. Nadie trabaja con más ahínco que en lo que le pertenece y en lo que le va a pertenecer a él o ella y no a un ente abstracto llamado "el pueblo" o la "colectividad", que en realidad es el Estado. Eso no es egoísmo, sino simplemente la parte de "a tí mismo" del precepto "Ama al prójimo como a ti mismo". Luego, con una ética auténtica enseñada por las iglesias y otros grupos de libre iniciativa y no forzada por el Estado, estas personas se pueden volver generosas y compartir sus riquezas con los demás, ya sea de manera asistencial o creando empleos o las dos.



(4) Mata la libre y justa competencia, que es lo que, de forma natural, baja los precios, porque mientras más compañías haya produciendo un producto determinado, mejor para el consumidor, quien buscará quién produzca el mejor producto al mejor precio. Mientras que cuando el Estado es el único empresario o cuando las empresas se rigen solamente por el afán desmedido de ganar dinero, se produce el monopolio estatal o privado y la baja calidad, porque no hay competencia. Al empresario inteligente no le conviene que los que le rodean sean pobres ni tampoco explotarlos, sino al contrario, que tengan poder adquisitivo, por una razón extremadamente simple: ¡para que le compren sus productos!



En otras palabras, el gobierno no sirve como empresario, no es su papel. Su papel no es dirigir la economía, sino regularla. Y ojo: regular NO quiere decir controlar, sino dotar de un marco jurídico, es decir, de leyes justas que protejan los derechos y deberes de todos (empresarios y empleados), así como de la competencia desleal (las trampas, los contubernios con el gobierno, el robo de propiedades intelectuales, etc.) y que tenga claras reglas para las relaciones económicas. Lo que hace crecer económicamente a los países es un denso y orgánico tejido empresarial, la producción de productos con valor agregado (tecnología y no simplemente la producción de materias primas), un sistema educativo dirigido a la producción tecnológica, y no sólo a las artes y las humanidades, así como la inversión extranjera que trae riquezas al país y no el proteccionismo.



Por otro lado, los matrimonios, las familias y los hijos son los tesoros más grandes de una nación. Pero para que los habitantes de esa nación de verdad puedan producir de manera sostenida y creciente, tanto en cantidad como en calidad humana, es necesario el respeto incondicional a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, al matrimonio entre un hombre y una mujer y a la autoridad de los padres en cuanto a la formación de sus hijos, sobre todo en valores y principios éticos y religiosos. Esto último exige un profundo respeto, por parte de la sociedad y el Estado, a la libertad religiosa y no sólo de culto.



El habitualmente abortista New York Times de vez en cuando publica verdades. El 16 de octubre del 2011, publicó un artículo en el cual se afirmó una gran verdad: “La riqueza de la economía moderna depende en parte de la fortaleza y sostenibilidad de la familia, en lo que se refiere a la fecundidad y al número de matrimonios. Este principio tan básico —pero tan olvidado con frecuencia— está más vigente que nunca durante la actual crisis” [1].



Esta afirmación resume un informe titulado “Dividendo Demográfico Sostenible, que se presentó en EEUU en octubre de 2011 y en Europa el pasado noviembre. La investigación se centra en el papel fundamental que a largo plazo juegan el matrimonio y la fecundidad sobre el crecimiento económico, sobre la viabilidad del estado de bienestar, sobre la cantidad y la calidad de la mano de obra y sobre la productividad de grandes sectores de la economía moderna.



“Este documento forma parte de un proyecto internacional y es fruto de un trabajo conjunto impulsado por el Social Trends Institute, que ha contado con la participación de diversas instituciones como la Universidad de Virginia (EEUU); el Institute of Marriage and Family (Canadá); la Universidad de los Andes (Chile); la University of Asia and the Pacific (Filipinas); el Instituto de Estudios Superiores de la Familia de la Universitat Internacional de Catalunya (España); la Universidad de la Sabana (Colombia) y la Universidad de Piura (Perú).



“El documento comienza con un análisis y comparación sobre los datos demográficos de varios países del mundo. La crisis fiscal y económica que envuelve a muchas naciones ricas del mundo ha sacado a la luz los desafíos económicos derivados de los últimos cambios demográficos.



“En el caso de Europa, el rápido proceso del envejecimiento de la población y las bajas tasas de fecundidad están provocando el retraso en la edad de jubilación, el aumento en la carga de la deuda pública y un crecimiento económico lento” [1].



El estudio presenta las siguientes conclusiones:



“1. Los niños educados en familias, basadas en el matrimonio, son más propensos a adquirir el capital humano y social necesario para convertirse en trabajadores productivos y equilibrados.



“2. Los hombres que contraen matrimonio y permanecen en él trabajan más, mejor y ganan más dinero que los que no lo hacen.



“3. Las naciones que quieren disfrutar de un robusto crecimiento económico a largo plazo y de una viabilidad del estado de bienestar deben mantener tasas de fecundidad sostenibles, al menos de dos niños por mujer.



“4. Sectores clave de la economía moderna —como los de productos del hogar, los de diferentes tipos de seguros, las empresas de alimentación...— tienden a obtener más beneficios cuando los hombres y las mujeres se casan y tienen hijos”.



Por último, el estudio finaliza con las siguientes recomendaciones:



“1. Las compañías, empresas, etc. deberían usar mayor influencia cultural para respaldar los anuncios a favor de las familias y las campañas sobre educación familiar, si quieren ampliar sus negocios.



“2. Los países deberían facilitar el acceso a una sanidad y educación asequibles para fortalecer los fundamentos económicos de la vida familiar.



“3. Las políticas públicas deberían apoyar e incentivar el matrimonio y la paternidad responsable mediante, por ejemplo, créditos a los matrimonios con hijos en el hogar, etc.



“4. La política pública y la empresarial deberían apoyar a las familias trabajadoras proporcionando flexibilidad para conseguir sus propias preferencias a la hora de combinar su vida familiar y laboral.



“El mensaje de fondo de El Dividendo Demográfico Sostenible es que los negocios, los gobiernos, la sociedad civil y los ciudadanos se verían beneficiados si fortalecieran la institución familiar, ya que en gran medida la riqueza de las naciones y el comportamiento de grandes sectores de la economía moderna dependen altamente del destino de la familia” [1].



Nota:

[1]. Margarita Gonzalvo Cirac. Demógrafa, Institut d'Estudis Superiors de la Família (IESF), Universitat Internacional de Catalunya, “¿Qué tienen que ver el matrimonio y la fecundidad con la economía?”, 5 de diciembre del 2011,http://www.temesdavui.org/es/online/actualidad/que_tienen_que_ver_el_matrimonio_y_la_fecundidad_con_la_economia.

sábado, 28 de enero de 2012

►Que sea del conocimiento de todos


Tantas veces he oído decir...: -"A la iglesia no le importa nada", "La Iglesia no hace nada"... Vayamos tomando conocimiento de como la Iglesia ha actuado desde siempre respecto a la vida de todo ser humano y en todos los sentidos posibles y aún en los que parecen imposibles.





La Iglesia defiende a los niños ante la ONU
Cardenal ALFONSO LÓPEZ TRUJILLO
9 de mayo de 2002

Señor Presidente: 

La Santa Sede quiere ser siempre fiel al amor de especial predilección y ternura del Señor por los niños, en el reconocimiento y respeto pleno que les es debido. Son don maravilloso de Dios. 

A lo largo de los siglos han surgido en el seno de las comunidades cristianas incontables instituciones y obras en favor de la niñez, y han brindado, en las más diversas dimensiones, un servicio generoso: en la familia, en la educación, en la salud, con especial énfasis en los más pobres y necesitados. La lucha contra la pobreza, que flagela a la infancia cruelmente y cobra tantas víctimas, es una exigencia fundamental. 

Su Santidad Juan Pablo II ha escrito durante el Año Internacional de la Familia (1994) una significativa Carta a los Niños. Estos son fuente de alegría y esperanza para los padres y para la sociedad, y son amados por Dios en Jesús Niño, que se presenta en Belén como un recién nacido. 

En ella denuncia los sufrimientos, amenazas y atentados de que son víctimas los niños: "padecen hambre y miseria, mueren a causa de las enfermedades y la desnutrición, perecen víctimas de las guerras, son abandonados por sus padres y condenados a vivir sin hogar, privados del calor de una familia propia, soportan muchas formas de violencia y abuso por parte de los adultos" (Carta a los Niños). No se puede permanecer indiferentes, advierte el Papa, ante el sufrimiento de tantos niños. 

Además de las múltiples formas de violencia indicadas, hay otras que proliferan, con drásticos efectos, como es la polución moral del ambiente, que les impide respirar espiritualmente un oxígeno puro. Las familias y los Estados no pueden evadir las exigencias de una "ecología humana" (Centesimus annus, 30). Cuando los valores morales son impunemente conculcados, cuando la atmósfera es cargada artificiosamente de erotismo, y se vacía y se banaliza el significado de la sexualidad humana, e incluso se les induce a "estilos de vida", de comportamientos incalificables, en un clima de alarmante permisivismo, los riesgos de violencia crecen. Aunque con notable retraso, porque son ya muy numerosas las víctimas, muchos parece que comienzan a reaccionar y a revisar actitudes y a fortalecer las normas legales para evitar sus consecuencias devastadoras. 

En diversas ocasiones el Pontificio Consejo para la Familia ha celebrado congresos internacionales sobre la niñez: 

- La dignidad del niño y sus derechos (Roma, 18-20 de junio de 1992). 
- La explotación sexual del niño en la prostitución y la pornografía (Bangkok, 9-11 de septiembre de 1992). 
- La familia y el trabajo de los menores (Manila, 1-3 de julio de 1993). 
- Los niños de la calle (Río de Janeiro, 27-29 de julio de 1993). 
- La adopción internacional (Sevilla, 25-27 de febrero de 1994). 

Más recientemente, en ocasión del Gran Jubileo, llevamos a cabo un congreso mundial con el título: "Los niños, primavera de la familia y de la sociedad" (Roma, 11-13 de octubre de 2000), y, el 5 de junio del año pasado, aquí en las Naciones Unidas, se efectuó un simposio sobre "Los niños en los conflictos armados: responsabilidad de cada uno", organizado por la Misión Permanente de observación de la Santa Sede, en unión con la Oficina del representante del secretario general de las Naciones Unidas para los niños en situación de conflicto. Sería una información demasiado amplia la que requeriría recordar los congresos, encuentros y otras actividades llevadas a cabo por la Iglesia a lo largo y ancho del mundo. 

El reconocimiento pleno de la dignidad humana del niño, de todos los niños, imágenes de Dios, desde el momento de su concepción, parece que se ha perdido y tiene que ser renovado. La verdadera medida de grandeza de una sociedad es aquella con la que se reconoce y protege la dignidad y los derechos humanos, y asegura el bienestar de todos sus miembros, especialmente los niños. Una sociedad sana, de genuino rostro humano, es aquella en la cual los individuos reconocen a la familia como la célula básica de la sociedad y la más importante proveedora y educadora del niño, así como está proclamado en la Convención sobre los derechos del niño (de 1989). 

Es muy importante observar el criterio central, varias veces subrayado en la misma Convención, según el cual debe prevalecer "el bien superior del niño". Este criterio iluminador no debe ser sofocado o burlado por leyes injustas. "El bien superior del niño" es un precioso criterio que hunde sus raíces en su dignidad personal: el niño es fin, no instrumento, medio, objeto (cf. Gaudium et spes, 24); es sujeto de derechos, comenzando por el derecho fundamental a la vida, desde su concepción, que nada ni nadie puede negar, así como lo afirma el párrafo 9 del preámbulo de la Convención. 

El proceso del desarrollo humano en todos sus aspectos, físico, emocional, espiritual, intelectual y social, es el resultado de una sinergia entre la familia y la sociedad. Sólo por medio de una colaboración eficaz el niño podrá ser protegido de toda injuria, abuso y opresión, y ser capacitado para compartir y contribuir al bien común de la humanidad. Lograr este desarrollo es una gran empresa, siempre en construcción, que a la vez pone de manifiesto el genuino espíritu y el estado de salud de las sociedades y aportará remedios oportunos contra las injurias y las necesidades. 

"El bien superior del niño" exige su adecuada relación con la familia, fundada sobre el matrimonio, cuna y santuario de la vida, lugar del crecimiento personal, de afectos, de solidaridad, lugar del derecho y de la transmisión intergeneracional de la cultura. Al servicio del niño la comunidad internacional debe "defender el valor de la familia y el respeto a la vida humana, desde el momento de la concepción. Se trata de valores que pertenecen a la "gramática" fundamental del diálogo y de la convivencia humana entre los pueblos" (Discurso de Juan Pablo II en el Jubileo de las Familias, 14 de octubre de 2000). 

La Santa Sede, por tanto, mantiene que deben ser articulados los derechos del niño con los derechos de la familia. Como institución fundamental para la vida de toda sociedad, la familia, fundada sobre el matrimonio, ha de ser entendida como pacto por el cual "el hombre y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole" (Juan Pablo II, Carta a las Familias Gratissimam sane, 1994, n. 17; cf. Código de Derecho Canónico, can. 1055; Santa Sede, Carta de los Derechos de la Familia, 1983, art. 1-3; Declaración universal de los Derechos Humanos, art. 16). 

El niño, todos los niños, en cualesquiera situación o circunstancia, han de ser amados, acogidos, protegidos y educados, con especial dedicación y ternura, incluso mayor cuando más duras y pesadas sean sus limitaciones y dificultades. 

Debe hacerse todo lo posible porque sean concebidos, nazcan, crezcan y sean formados en una familia, capaz de brindar, de forma positiva y permanente, protección y ejemplo como elementos irreemplazables de su educación. 

El niño ha de ser considerado como miembro de la familia, de tal manera que los progenitores, abiertos al don de la vida, con una bien concebida paternidad y maternidad responsables, cumplan con sus deberes irrenunciables y sean ayudados por la sociedad, y no obstaculizados en su misión (cf. Carta de los Derechos de la Familia, art. 1b, 3c). 

Sólo cuando falta la familia, la sociedad y el Estado han de brindar lo que al niño le es necesario, ojalá en un ambiente que ofrezca la calidad como de una familia, por su acogida, dedicación, respeto y ternura. "Todos los niños, nacidos dentro o fuera del matrimonio, gozan del mismo derecho a la protección social para su desarrollo personal e integral" (Carta de los Derechos de la Familia, art. 4e). 

Señor Presidente: 

Mi Delegación sostiene que ha de obtenerse una legislación de protección de la niñez que preserve a los niños de todas las formas de explotación y abuso, como por ejemplo el incesto y la pedofilia, ya sea en el trabajo, en la esclavitud, en los delitos abominables de la prostitución y la pornografía, en los secuestros o su utilización como soldados o guerrilleros, ya sea como víctimas de conflictos armados o de las sanciones internacionales o unilaterales impuestas a algunos países; plagas todas ellas que afrentan y escandalizan a la humanidad. Estas variadas formas de violencia no deben quedar impunes. 

Es preciso vigilar cuidadosamente para que las adopciones, nacionales o internacionales, cuando sean realmente aconsejables, observado el principio del "bien superior del niño", sean hechas por matrimonio que ofrezcan verdaderas garantías por su estabilidad, solvencia moral, capacidad de acompañamiento y ejemplaridad, de tal forma que los niños puedan ser adecuadamente educados, no entorpecidos, cuando no destruidos, en su misma personalidad. Forma parte del interés del niño para su desarrollo integral y armónico que, como la misma ciencia lo enseña, tengan un padre y una madre. 

Señor Presidente: 

Mi Delegación está convencida de que no se reconoce el bien superior del niño cuando, condicionados por el mito de la sobrepoblación - mito que los datos y tendencias demográficas recientemente reconocidos muestran como infundado - se imponen políticas de población contra los derechos de la familia y de los niños. Debe ser reconocido, en primer lugar, el derecho fundamental a la vida. 

Los niños constituyen una riqueza y una esperanza para la familia humana. Por eso la Delegación de la Santa Sede hace votos para que esta sesión especial de la Asamblea general de las Naciones Unidas tenga muchos y valiosos frutos para asegurar que los niños de todo el mundo sean "primavera de la familia y de la sociedad".
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♥Consagración a la Virgen María

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CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
"Oh, Corazón Inmaculado de María, refugio seguro de nosotros pecadores y ancla firme de salvación, a Ti queremos hoy consagrar nuestro matrimonio. En estos tiempos de gran batalla espiritual entre los valores familiares auténticos y la mentalidad permisiva del mundo, te pedimos que Tu, Madre y Maestra, nos muestres el camino verdadero del amor, del compromiso, de la fidelidad, del sacrificio y del servicio. Te pedimos que hoy, al consagrarnos a Ti, nos recibas en tu Corazón, nos refugies en tu manto virginal, nos protejas con tus brazos maternales y nos lleves por camino seguro hacia el Corazón de tu Hijo, Jesús. Tu que eres la Madre de Cristo, te pedimos nos formes y moldees, para que ambos seamos imágenes vivientes de Jesús en nuestra familia, en la Iglesia y en el mundo. Tu que eres Virgen y Madre, derrama sobre nosotros el espíritu de pureza de corazón, de mente y de cuerpo. Tu que eres nuestra Madre espiritual, ayúdanos a crecer en la vida de la gracia y de la santidad, y no permitas que caigamos en pecado mortal o que desperdiciemos las gracias ganadas por tu Hijo en la Cruz. Tu que eres Maestra de las almas, enséñanos a ser dóciles como Tu, para acoger con obediencia y agradecimiento toda la Verdad revelada por Cristo en su Palabra y en la Iglesia. Tu que eres Mediadora de las gracias, se el canal seguro por el cual nosotros recibamos las gracias de conversión, de amor, de paz, de comunicación, de unidad y comprensión. Tu que eres Intercesora ante tu Hijo, mantén tu mirada misericordiosa sobre nosotros, y acércate siempre a tu Hijo, implorando como en Caná, por el milagro del vino que nos hace falta. Tu que eres Corredentora, enséñanos a ser fieles, el uno al otro, en los momentos de sufrimiento y de cruz. Que no busquemos cada uno nuestro propio bienestar, sino el bien del otro. Que nos mantengamos fieles al compromiso adquirido ante Dios, y que los sacrificios y luchas sepamos vivirlos en unión a tu Hijo Crucificado. En virtud de la unión del Inmaculado Corazón de María con el Sagrado Corazón de Jesús, pedimos que nuestro matrimonio sea fortalecido en la unidad, en el amor, en la responsabilidad a nuestros deberes, en la entrega generosa del uno al otro y a los hijos que el Señor nos envíe. Que nuestro hogar sea un santuario doméstico donde oremos juntos y nos comuniquemos con alegría y entusiasmo. Que siempre nuestra relación sea, ante todos, un signo visible del amor y la fidelidad. Te pedimos, Oh Madre, que en virtud de esta consagración, nuestro matrimonio sea protegido de todo mal espiritual, físico o material. Que tu Corazón Inmaculado reine en nuestro hogar para que así Jesucristo sea amado y obedecido en nuestra familia. Qué sostenidos por Su amor y Su gracia nos dispongamos a construir, día a día, la civilización del amor: el Reinado de los Dos Corazones. Amén. -Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM

CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO A LOS DOS CORAZONES EN SU RENOVACIÓN DE VOTOS

CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO A LOS DOS CORAZONES EN SU RENOVACIÓN DE VOTOS
Oh Corazones de Jesús y María, cuya perfecta unidad y comunión ha sido definida como una alianza, término que es también característico del sacramento del matrimonio, por que conlleva una constante reciprocidad en el amor y en la dedicación total del uno al otro. Es la alianza de Sus Corazones la que nos revela la identidad y misión fundamental del matrimonio y la familia: ser una comunidad de amor y vida. Hoy queremos dar gracias a los Corazones de Jesús y María, ante todo, por que en ellos hemos encontrado la realización plena de nuestra vocación matrimonial y por que dentro de Sus Corazones, hemos aprendido las virtudes de la caridad ardiente, de la fidelidad y permanencia, de la abnegación y búsqueda del bien del otro. También damos gracias por que en los Corazones de Jesús y María hemos encontrado nuestro refugio seguro ante los peligros de estos tiempos en que las dos grandes culturas la del egoísmo y de la muerte, quieren ahogar como fuerte diluvio la vida matrimonial y familiar. Hoy deseamos renovar nuestros votos matrimoniales dentro de los Corazones de Jesús y María, para que dentro de sus Corazones permanezcamos siempre unidos en el amor que es mas fuerte que la muerte y en la fidelidad que es capaz de mantenerse firme en los momentos de prueba. Deseamos consagrar los años pasados, para que el Señor reciba como ofrenda de amor todo lo que en ellos ha sido manifestación de amor, de entrega, servicio y sacrificio incondicional. Queremos también ofrecer reparación por lo que no hayamos vivido como expresión sublime de nuestro sacramento. Consagramos el presente, para que sea una oportunidad de gracia y santificación de nuestras vidas personales, de nuestro matrimonio y de la vida de toda nuestra familia. Que sepamos hoy escuchar los designios de los Corazones de Jesús y María, y respondamos con generosidad y prontitud a todo lo que Ellos nos indiquen y deseen hacer con nosotros. Que hoy nos dispongamos, por el fruto de esta consagración a construir la civilización del amor y la vida. Consagramos los años venideros, para que atentos a Sus designios de amor y misericordia, nos dispongamos a vivir cada momento dentro de los Corazones de Jesús y María, manifestando entre nosotros y a los demás, sus virtudes, disposiciones internas y externas. Consagramos todas las alegrías y las tristezas, las pruebas y los gozos, todo ofrecido en reparación y consolación a Sus Corazones. Consagramos toda nuestra familia para que sea un santuario doméstico de los Dos Corazones, en donde se viva en oración, comunión, comunicación, generosidad y fidelidad en el sufrimiento. Que los Corazones de Jesús y María nos protejan de todo mal espiritual, físico o material. Que los Dos Corazones reinen en nuestro matrimonio y en nuestra familia, para que Ellos sean los que dirijan nuestros corazones y vivamos así, cada día, construyendo el reinado de sus Corazones: la civilización del amor y la vida. Amén! Nombre de esposos______________________________ Fecha________________________ -Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM

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