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martes, 21 de febrero de 2012

►Rasgos Principales De la Pedagogía de Monseñor Escrivá De Balaguer





Una pedagogía profundamente evangelica.


Rasgos Principales De la Pedagogía de Monseñor Escrivá De Balaguer


Una visión somera del conjunto de su labor educativa personal permite señalar la constancia de un buen número de rasgos y características:

Carácter vital

En ningún momento nuestro Gran Canciller se propuso escribir a modo de tratados científicos o libros de texto en los que se desarrollase una determinada materia en forma sistematizada. Sus escritos tienen siempre un tono muy vitalmente espiritual, rezuman viva y profunda ciencia teológica, van a la inteligencia y al corazón; el amor a Dios y a las almas palpita en cada frase; una misma idea puede reiterarse desde distintas perspectivas.

Sus enseñanzas no adoptan la forma de la especulación abstracta, sino que se insertan plenamente en la vida. Como comentaba D. Álvaro del Portillo respecto de las Homilías, «En ningún momento se colocan en un terreno desencarnado, abstracto; hay siempre teoría, pero en continuo ensamblaje con la vida» (20).

Sencillez

Su lenguaje, en su predicación o en sus escritos, es «...directo, sencillo, de una amenidad inconfundible. Se nota siempre una delicada atención a la corrección gramatical y literaria, pero el autor no supedita el contenido a la forma. La fuerza y el nervio de lo que se dice dan lugar a un estilo sereno y claro, sin recurrir a efectos fácilmente emotivos. Tampoco intenta deslumbrar; quiere sólo ser el vehículo imprescindible, para que cada alma se coloque cara a Dios y saque consecuencias y propósitos concretos para su vida diaria» (21).

Relación personal

Aunque se dirigiese a grupos de personas, a veces numerosos, como era frecuente, sus consejos, sus consideraciones, tenían un carácter íntimo y personal. Al escucharle, se establecía una relación muy inmediata: no hablaba para un conjunto, mucho menos para una masa despersonalizada, sino para cada uno de los oyentes. Su palabra no quedaba en tierra de nadie o como flotando en el aire. sino que penetraba muy derechamente en el corazón. Y esto mismo sucedía aun cuando le escuchasen multitudes: en los muchos millares de personas que han participado en esas grandes tertulias queda la huella de una conversación personal. Eran reuniones que conservaban asombrosamente el carácter familiar, personal, íntimo, vivo. El Fundador del Opus Dei jamás pronunciaba en ellas algo parecido a un discurso o conferencia; ni tampoco una charla prolongada; solía iniciarlas con unas breves palabras de saludo y afecto, abriendo su corazón con algún comentario de su propia experiencia, como una confidencia personal; el ambiente adquiría inmediatamente confianza e intimidad y, en seguida, invitaba a todos a que le preguntaran cuanto quisieran. Y cada pregunta iniciaba un breve diálogo, una conversación espontánea, sencilla, familiar, como si sólo estuvieran presentes quien preguntaba y quien respondía. Las preguntas y respuestas se sucedían en un diálogo natural, siempre llenas de interés, sobre temas reales, tremendamente vivos, con consejos prácticos, claros, sencillos, luminosos. Había cuestiones hondamente emotivas, que provocaban silencios conmovedores; en otros momentos, estallaban las risas u otras manifestaciones de alegría.

Su catequesis

Este sucederse de tertulias más o menos numerosas por diversos lugares del mundo fue designado por Monseñor Escrivá de Balaguer con relativa frecuencia con el nombre de catequesis.

Son muy ilustrativas las palabras con que se refirió una vez, en 197?, a este tipo de actividad pastoral, el propio Fundador del Opus Dei: Los Hechos de los Apóstoles nos dicen que, después de la Resurrección, el Señor reunía a .sus discípulos y se entretenían in multis argumentis. Hablaban de muchas cosas, de todo lo que le preguntaban: tenían una tertulia... El Señor hacía lo que quiere hacer el Opus Dei en todo el mundo: una gran catequesis. Les ponía ejemplos, las parábolas. Sin parábolas no hablaba el Señor, que era un gran catequista.
¿Os acordáis, si habéis ido a una catequesis de niños, qué hacía el párroco o el sacerdote que dirigía la catequesis? ¡Lo que hago yo! Os dejo hablar, os contesto con la luz de Dios, y nos quedamos tan satisfechos... Nosotros somos hijos de Dios, nos queremos y tratamos de ayudarnos a servir al Señor y a ser felices, en la tierra también. Ésta es una gran catequesis con preguntas y respuestas...

Claridad y fortaleza

Su hablar era claro, sin ambigüedades, sin circunloquios. No dejaba lugar para la confusión. Muchas veces enérgico, lleno de firmeza en defensa de la doctrina cierta; y en otras ocasiones, con una ternura inefable, con infinita comprensión.

Al proclamar la verdad -y las consecuencias que de ella se derivan- lo hacía sin ningún género de vacilación ni miramiento, con gran fortaleza. Nadie podría acusarle de que se dejara llevar de los respetos humanos. En más de una ocasión atribuyó este modo de hablar suyo a su origen aragonés. Al propio tiempo, mostraba siempre un enorme respeto a la libertad de cada uno, defendía en todo momento la libertad de las conciencias, repudiaba cualquier género de violencia. Para acercar a una persona a la fe, su consejo era no violentarla; rezar y ofrecer sacrificios por ella, portarse con respeto, con lealtad; luego, poco a poco, mostrar el camino; y así hasta que el Señor quiera darle la fe.

Imágenes y anécdotas

En toda su predicación, Monseñor Escriva de Balaguer utilizaba con abundancia las imágenes, las anécdotas y, muy especialmente, los hechos de la vida del Señor y de los Apóstoles. El evangelio «...no es nunca un texto para la erudición, ni un lugar común para la cita. Cada versículo ha sido meditado muchas veces y, en esa contemplación, se han descubierto luces nuevas, aspectos que durante siglos habían permanecido velados. La familiaridad con Nuestro Señor, con su Madre, Santa María, con San José, ... es algo vivo, consecuencia y resultado de un ininterrumpido conversar, de ese meterse en las escenas del Santo Evangelio para ser un personaje más» (22).

Gustaba mucho de ilustrar las ideas con riqueza de imágenes, lo que ayudaba a que se quedasen más firmemente grabadas. Imágenes siempre asequibles, muy expresivas, bellas, tomadas de la vida misma, de la naturaleza, de las costumbres campesinas o urbanas. También surgían de esa vida corriente las anécdotas, de las que obtenía muchas enseñanzas prácticas. A veces -comentaba alguna vez- vale más una buena anécdota que cien discursos.

Fundada en la experiencia

La fuerza, la penetración y el atractivo de las enseñanzas de Monseñor Escrivá de Balaguer, se deben en buena parte a que guardan una relación muy inmediata y directa con la vida; brotan, al igual que las anécdotas, de una experiencia muy real, muy vivida, tanto de su vida interior personal, como de su muy extensa labor sacerdotal con tantas almas, o de las mil incidencias del quehacer cotidiano. Para recoger esa riquísima experiencia, solía hacer anotaciones breves, que le permitieran recordar más tarde aquellas observaciones o sugerencias provocadas por determinados hechos o situaciones.

Don de lenguas

Otra característica del modo de enseñar de Monseñor Escrivá de Balaguer es que se hacía entender por todo el mundo. Hablaba o escribía siempre para toda clase de personas, de muy diferente preparación cultural, procedentes de los más diversos ambientes sociales, y a todos resultaba asequible.
Muchas veces ha pedido a Dios para todos sus hijos lo que gustaba llamar don de lenguas: esa capacidad para acomodarse a la mentalidad de los oyentes, de modo que la doctrina se haga para cada uno comprensible, conforme a sus circunstancias personales. Y no hay duda de que el Señor había concedido en alto grado al Fundador del Opus Dei ese don de lenguas.

Paciencia, reiteración

No le importaba reiterar las mismas cosas una y otra vez. Al contrario, lo hacía ex profeso, con gran frecuencia. Insistir sin miedo: -escribía Monseñor Escrivá de Balaguer en 1940 tengo la experiencia de que hay que repetir las cosas. Hay cosas muy claras, muy claras, que la gente no entiende porque algunas veces nosotros tenemos malas explicaderas; pero en otras ocasiones, son ellos los que tienen malas entendederas, y se da el caso de que coincidan las dos cosas: malas explicaderas y malas entendederas. De este insistir en las mismas cosas, de distintas maneras -y, muchas veces, aun con las mismas palabras- nos dio el Fundador de la Universidad muy elocuente ejemplo. Solía decir que ese sistema de enseñar era la pedagogía del anuncio.

La reiteración era muestra, además, de su gran paciencia como educador. Sabía bien que la formación es un proceso que requiere tiempo, que no se puede precipitar; y, aún más, cuando se trata de formación espiritual. Las almas, como el buen vino -solía repetir muchas vecesse mejoran con el tiempo. Su paciencia se manifestaba también en corregir una misma cosa cuantas veces fuese necesario, siempre con afán formativo y con entrañable comprensión.

Tono positivo

En todas las circunstancias, su enseñanza tenía un tono positivo, alentador, reconfortante. Hablaba poco de los vicios, porque prefería ensalzar las virtudes, hacerlas amables, atractivas. Movía a la confianza, a la alegría, a luchar con espíritu deportivo. Su visión de las cosas estaba llena de esperanza y optimismo, con fundamento en la fe. No seas pesimista. -¿No sabes que todo cuanto sucede o puede suceder es para bien? -Tu optimismo será necesaria consecuencia de tu fe (23). La razón del optimismo es saberse hijo de Dios y estar entregado a su voluntad: Cuando te «entregues» a Dios no habrá dificultad que pueda remover tu optimismo (24). EL omnia in bonum era un lema constante en su vida, en su predicación, en el trato con toda clase de personas.

Entraña Evangélica De Su Pedagogía

Muchas veces he tenido la suerte de ser testigo directo de las enseñanzas del Fundador del Opus Dei. Y he podido apreciar al igual que tantos otros- la fuerza penetrante de sus palabras, que arraigaban hondamente en el alma. Su corazón era un volcán de amor a Dios y a todos los hombres, que se transparentaba en sus ojos, en el gesto, en la palabra. 5u presencia inundaba de paz, serenidad y ternura; y hacía brotar grandes anhelos de mejora personal. Captaba con aguda intuición las necesidades y estado de ánimo de quienes le rodeaban y preguntaban, y sus respuestas eran sencillas, profundas, muy esclarecedoras. No se ter, 3a sensación de que pasara el tiempo, siempre se hacía corío. Su mirada expresaba oración y cariño, e invitaba a ia generosidad. Estar con Monseñor Escrivá de Balaguer era estar con un hombre de Dios, que hacía resonar en el alma aquel grito del Señor que él tanto repetía:

He venido a poner fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? (Luc., 12, 49).
No necesito muchas palabras -escribió nuestro Fundador en 1945- para evocaros el detalle con que Jesús desmenuzaba a los Doce el sentido más profundo de sus parábolas..., el cuidado con que rectificaba la reacción demasiado humana con que acogían las primicias de la siembra apostólica..., la constancia con que repetía las mismas enseñanzas..., la fortaleza con que corregía sus ambiciones y su visión chata del Reino de Dios..., la delicadeza con que para animarlessolicitaba su pequeña colaboración a la hora de realizar los grandes milagros..., o la ternura con que se preocupaba de su descanso... Y bastantes años antes, ya en 1933, hacía ver cómo Jesús... para todos tiene una palabra...; y les enseña, les adoctrina, les lleva nuevas de alegría y de esperanza... Unas veces les habla desde la barca, mientras están sentados en la orilla; otras en el monte, para que toda la muchedumbre oiga bien; otras veces, entre el ruido de un banquete, en la quietud del hogar, caminando entre los sembrados, sentados bajo los olivos. Se dirige a cada uno, según lo que cada uno puede entender: y pone ejemplos de redes y de peces, para la gente marinera; de semillas y de viñas, para los que trabajan la tierra; al ama de casa, le hablará de la dracma perdida; a la samaritana, tomando ocasión del agua que la mujer va a buscar al pozo de Jacob. Jesús acoge a todos, acepta las invitaciones que le hacen y -cuando no le invitan-- a veces es El quien se convida: ... Zaqueo, baja deprisa, porque conviene que hoy me hospede en tu casa.

Al releer estas palabras de Monseñor Escrivá de Balaguer, se aprecia hasta qué punto su propio modo de enseñar es parecido al empleado por Jesucristo, ofrece inconfundibles resonancias evangélicas. No puede dudarse de que por su habitual contemplación había hecho de la vida del Señor su propia vida.


Autor: Francisco Ponz | Fuente: interrogantes 

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